IGNUS M CONTRA EL ASTEROIDE PERDIDO.
El día había sido completo para Nick. Como en los mejores sueños de los amantes del surf, las últimas horas habían estado llenas de perfectas olas en Santa Teresa, un pequeño pueblo pesquero, localizado al sur de la Península Nicoya, expuesta al mar abierto del Océano Pacífico. Nick vivía en el paraíso surfero de Costa Rica.
Tumbado ya en su cama y dispuesto para entrar el más dulce de los sueños, Nick escuchó un ligero zumbido. Desde pequeño había
descubierto varias especiales habilidades en sus sentidos y en su cuerpo. Esta era una de ellas, escuchar lo que sucedía a millones de
kilómetros cuando ese hecho podía poner en peligro inminente la vida de seres inocentes. Y eso era lo que ocurría en este momento.
Nick, alertado, concentró sus esfuerzos en aquél molesto ruido que cada vez más entraba por sus oídos. Era lejano, muy lejano, pero al mismo tiempo tan agudo que sólo podía presagiar un desastre de gran magnitud. Puso en marcha otro de los poderes que con el tiempo había desarrollado: la capacidad para convertir sus ojos en potentes telescopios que podían ver más allá de las más lejanas estrellas. Y justo en ese instante, cuando combinó vista y oído un gran escalofrío le recorrió el cuerpo, un gigantesco asteroide envuelto en llamas se acercaba a nuestro Planeta a una velocidad que multiplicaba varias veces la de la luz. En unos minutos todo podría haber acabado para miles de millones de personas que en esos momentos eran ajenas a la catástrofe. Nick debía actuar lo antes posible.
Cogió su tabla de surf y salió corriendo hacia la playa. Coger una buena ola era la mejor manera de impulsar su tabla y salir volando hacia el espacio, ese primer impulso era necesario para a continuación poner en marcha su poder de propulsión que hacía de la tabla un potentísimo cohete flamígero. No había ojo humano capaz de distinguir la silueta de Nick, ahora convertido ya en Ignus M, desplazándose por la atmósfera camino del espacio exterior.
Y así, cuando Ignus M se encontraba ya a varios millones de kilómetros de la corteza terrestre, vio ante sí cómo se acercaba a velocidad
endiablada el asteroide maldito. “ufff !!!......” pensó Ignus M cuando percibió lo complicado de su misión, “esto me va a doler mañana…,
preferiría la más fuerte de las olas a este bicho ardiendo…”. Pero no había tiempo que perder, Ignus M apuntó con precisión su tabla hacia el centro del asteroide, imprimió la máxima velocidad posible, apretófirmemente sus ojos y se encomendó a Dios. Un segundo más tarde, alabrirlos se encontraba ya en el corazón del peligro. Y ahí puso enmarcha la segunda parte del plan : su poder de controlar el fuego haría aumentar la temperatura del asteroide hasta hacerlo explotar y convertirse en cientos de miles de trocitos que ya no llegarían a la Tierra.
Horas más tarde, el agua del mar que llegaba en calma a la orilla de la playa hizo que Nick se despertara. Había tenido una noche ajetreada y al regresar a su querida Santa Teresa se había dejado caer tranquilamente en la arena para descansar de ese viaje de turismo ….. al centro de un asteroide. La vida seguía sonriendo a la humanidad.
ÁLVARO SALGADO 5º B DE PRIMARIA
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